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Archive for 28 julio 2013


Extraído del libro de Florinda Donner:
El Sueño de la Bruja

Una lectura recomendable para aquellos que escogieron el camino del “Kalika Warrior”

No te preocupes por los detalles. Si tienes fe, los detalles suelen
acomodarse a las circunstancias. Deberías proyectar tus planes del siguiente
modo: escoge cualquier cosa y considérala el principio. Después enfréntate a ese
principio y, una vez ante él, déjate llevar. Confío que tus convicciones no te
impulsarán a escoger un inicio caprichoso. Sé realista y austera para poder decidir
con acierto ¡Puedes hacerlo!.
P.D. Cualquier cosa sirve para comenzar.

* * *

Todo comenzó con un suceso trascendental, un acontecimiento que
configuró el curso de mi vida. Conocí a un indio del norte de México que era un
nagual. El diccionario de la Real Academia Española define la voz nagual como la
adaptación española de una palabra que significa hechicero o brujo en la lengua náhuatl hablada en el sur de México.

En el México moderno circulan historias y tradiciones sobre naguals, hombres de tiempos antiguos que poseían poderes extraordinarios y realizaban actos inimaginables. Pero actualmente, en ambientes urbanos e incluso rurales, los naguals son seres puramente legendarios; parecen encontrarse tan sólo en los
cuentos populares, en los rumores o en el mundo de la fantasía. Sin embargo el nagual que conocí era real; no había nada ilusorio en él. Cuando a impulsos de mi ingenua curiosidad le pregunté qué le había convertido en nagual, me ofreció una explicación al parecer sencilla y sin embargo profundamente compleja en cuanto hacía y de lo que era. Me dijo que el nagualismo comienza con dos certezas: la seguridad de que los humanos son seres extraordinarios que viven en un mundo también extraordinario y la de que ni el hombre ni el mundo deben ser aceptados como tales en ninguna circunstancia. De tan sencillas premisas, dijo, surge una conclusión también sencilla: el nagualismo se desprende al punto de una máscara y aparece con otra.

Los naguals se quitan la máscara que nos hace vernos a nosotros mismos y al mundo en que vivimos como corrientes, sin brillo, previsibles y repetitivos, y que se ponen la segunda máscara que nos ayuda a considerarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno como realmente somos, acontecimientos asombrosos que florecen un vez en una existencia transitoria y que nunca vuelven a repetirse. Después de conocer a aquel inolvidable nagual, tuve una momentánea vacilación únicamente debida al temor que experimentaba de analizar tan impresionante paradigma: deseé huir del nagual y de su búsqueda, pero no pude.

Algún tiempo más tarde tomé una decisión drástica y me uní a él y los suyos. Pero esta narración no trata de aquel nagual, aunque sus ideas e influencia afectan intensamente todo cuanto hago. No me propongo escribir acerca de él ni siquiera mencionarlo: ya se encargarán de ello otros miembros de su grupo. Cuando me uní a ellos, el nagual me llevó a México para presentarme a una mujer extraña y sorprendente sin confesarme que acaso se trataba de la persona más inteligente e influyente de su entorno. Se llamaba Florinda Matus y pese a que vestía con escuido tenía la elegancia innata de las mujeres altas y esbeltas. Su rostro pálido, delgado y severo estaba coronado por una trenza de cabellos blancos y en él estacaban sus grandes y luminosos ojos. Su voz ronca y alegre y juvenil risa liviaron el irracional temor que había despertado en mí.

El nagual me confió a ella. Ante todo le pregunté a Florinda si también era
nagual. Sonrió algo enigmáticamente y me aclaró en seguida la definición de la
palabra.

-Un brujo, hechicero o mago no es necesariamente nagual, pero cualquiera de ellos puede serlo si dirige y es responsable de un grupo de hombres y mujeres comprometidos en una búsqueda específica de conocimiento -me dijo.

Cuando le pregunté a qué clase de búsqueda se refería, me respondió que,
en el caso de aquellas personas, consistía en tratar de descubrir la segunda
máscara, la que nos ayuda a vernos a nosotros mismos y al mundo como somos
realmente, como acontecimientos asombrosos.

Pero tampoco me propongo narrar la historia de Florinda, pese a que ella es quien guía todos mis actos, sino más bien describir una de las múltiples cosas que me hizo llevar a cabo.

-Para nosotros, las mujeres, la búsqueda del conocimiento es realmente
una aventura muy curiosa -me dijo Florinda en una ocasión-. Tenemos que
someternos a extrañas maniobras.
-¿Y a qué se debe, Florinda?
-A que no nos preocupamos.
-Yo sí me preocupo.
-Lo dices, pero, en realidad, no es así.
-Estoy aquí, contigo. ¿No justifica eso mi preocupación?
-No, lo que sucede es que te agrada el nagual, te abruma su personalidad.
A mí me sucedió lo mismo: también me sentí abrumada por un nagual. Era el brujo más irresistible que he conocido.
-Admito que tienes razón, pero sólo en parte. Me interesa la búsqueda del
nagual.
-No lo dudo, pero eso no basta. Las mujeres necesitan algunas maniobras
específicas para poder llegar al fondo de sí mismas.
-¿Maniobras? ¿Qué quieres decir con llegar al fondo de nosotras mismas,
Florinda?.
-Si hay algo desconocido en nosotras, como valor, recursos ocultos, astucia y resistencia insospechadas o fortaleza de ánimo frente a la pena y el dolor, cuando nos enfrentamos a lo desconocido solas, sin amigos, lazos familiares ni apoyo, esa cualidad aflora a la superficie; si en tales circunstancias no sale nada es porque carecemos de ella. Y antes debes descubrir por ti misma si hay algo dentro de ti. Te exijo que lo hagas.
-Me parece que no valgo para someterme a ninguna prueba, Florinda.
-Lo que te pregunto es si puedes vivir sin saber si hay algo o no dentro de ti.
-¿Y si soy de esos seres que están vacíos?
-En tal caso tendré que formularte mi segunda pregunta. ¿cómo puedes seguir en el mundo que has escogido si no hay nada en tu interior?
-Eso es evidente. Ya sabes que me he unido a ti.
-No, sólo crees haber escogido mi mundo. Escoger el mundo nagual no consiste únicamente en palabras: debes demostrarlo con hechos.
-¿Y cómo consideras que debe actuarse en tal caso?
-Te sugeriré algo que no estás obligada a llevar a cabo. Se trata de que vayas tú sola al lugar donde naciste. Nada te resultará más fácil. Ve y prueba fortuna, sea cual sea el resultado.
-Pero esta sugerencia es impracticable. No guardo buenos recuerdos de allí. No lo dejé en buenas condiciones.
-Tanto mejor. Las fuerzas superiores estarán contra ti: por eso he escogido tu lugar natal. Las mujeres eluden las preocupaciones, y cuando tienen que enfrentarse a ellas, se desmoronan. Demuéstrame que no eres así.
-¿Y qué sugieres que haga una vez allí?
-Que seas tú misma, que hagas tu trabajo. ¿Dices que quieres ser antropóloga? ¡Pues lo eres! ¿Hay algo más sencillo?.

V_V en Vajrayogini 16 – S81

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