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Archive for 8 junio 2011

El “otro lado”

Un domingo de verano, Víctor había quedado con unos amigos, para recoger caracolas, en una zona costera cercana cuyas enormes playas se llenaban los fines de semana, por gente que quería disfrutar de un día de sol y mar.

Hacía poco que se había separado de su primera mujer y aunque físicamente estaba al cien por cien, mentalmente todavía sufría de lo que el mismo denominaba: depresión post-divorcio, eso no le impedía poder realizar una actividad como aquella. Además, estar en el agua durante horas, era una de sus pasiones.

Utilizaba un equipo de buceo de su propiedad, que le permitía tener una autonomía bajo el agua de unos cuarenta y cinco minutos. Nuestro amigo ya acostumbrado al submarinismo no era la primera vez que lo usaba. Tras ponerse todos los artilugios que le permitirían respirar en el medio marino, sus compañeros y él se introdujeron en el agua para recorrer los casi trescientos metros que separaban la costa de la zona donde se encontraban las caracolas.

Hacia la mitad del recorrido, comenzó a tener cierta dificultad para respirar y nadar al mismo tiempo. Al principio pensó que quizás su forma física no era la más óptima, aunque estaba acostumbrado a permanecer varias horas en el mar, recorriendo la costa y observando la vida marina. Al cabo de unos minutos se dio cuenta de que algo iba mal, cada vez le era más difícil respirar el aire de la bombona y pensó que se había averiado, por lo tanto se quitó la boquilla e intentó mantener la cabeza por encima del agua para tomar varias bocanadas de aire.

Le costaba mantenerse a flote, debido al peso adicional que llevaba para hacer más fácil la inmersión, por lo que al cabo de unos minutos estaba luchando por no tragar agua y su cuerpo de forma extraña estaba quedando exhausto. El cuerpo humano tiene sus límites y Víctor decidió que lo más práctico en aqul momento, era deshacerse de todo aquello que le molestaba para flotar libremente. A contra reloj empezó a desabrocharse el cinturón de plomos que llevaba como contrapeso pero la mala suerte se estaba cebando sobre nuestro hombre. El cinturón no quería desprenderse y en el forcejeo Víctor había llegado al término de sus fuerzas.

Es curioso como en este tipo de situaciones, cuando la muerte nos rodea con su funesto manto, todo se enlentece a nuestro alrededor y percibimos las cosas como si estuviéramos en una película, nuestra mente decide hacernos fácil la transición, por lo que dejamos de sentir dolor o miedo.

“Está bien, si he de morir ahogado que así sea, pero tragaré toda el agua que pueda…”

Pensó Víctor, mirando por última vez cuan lejana quedaba la playa. La corriente lo había arrastrado todavía más lejos. Las personas ahora eran como diminutos puntos de colores. Era imposible en su estado volver nadando, así que dejó de forcejear por su supervivencia y se puso en manos del destino.

Como otros que han estado en contacto con la “muerte” y lo han podido explicar, todos los recuerdos de la vida de aquel hombre pasaron velozmente por su mente, algunos de ellos impactaron con fuerza otros solo eran simples retazos desdibujados.

No habían transcurrido ni quince minutos desde que empezó todo aquello, aunque a Víctor le parecieron horas. Cerró los ojos y entró en un profundo trance, como el del sueño. Flotaba en el aire, dejándose llevar como una pluma cuando es arrastrada por el viento. La muerte no es para nada desagradable y él estaba preparado para enfrentarse a ella. Sus conocimientos del “otro lado”, le hacían más fácil aquel viaje, por lo que dejó de ser víctima para convertirse en “observador” de su propio “óbito”.

Pero el universo tenía otros planes para él y de repente una extraña fuerza lo empujó en dirección a la playa. Víctor estaba varado en la arena, mientras las olas movían su cuerpo como si fuera un muñeco de trapo. Abrió los ojos y contempló como un corro de gente se había formado a su alrededor y le preguntaban si estaba bien, aunque nadie se atrevía a tocarlo. No podía articular una frase coherente, pero viéndose milagrosamente a salvo, acertó a decir:

“Tranquilos no me pasa nada, solo es que estoy tan cansado que no me puedo mover…”

Transcurrieron cinco minutos hasta que un socorrista le atendió. Víctor ya había recobrado la suficiente fuerza para quitarse la bombona de aire y los contrapesos de plomo. Se levantó y dio unos pasos, inseguros, como los que da un niño al andar por primera vez.

Hacía un momento estaba tan lejos de la costa…
¿Cómo había llegado a ella?
Recordaba vagamente aquella fuerza que lo empujaba hacía la “salvación”…
¿Era un milagro?
¿O aquel suceso era una advertencia?

En cualquier caso aquel hecho fué un punto de inflexión, un antes y un después en la vida de Víctor. Había conocido de primera mano lo que llamamos “muerte”. Ahora sabía que no era tan mala como algunos predicaban, solo era un tránsito hacia el “otro lado”.

Solo algunos años más tarde comprendió que aquel incidente, había sido una de tantas experiencias en las que había estado aprendiendo a ser un simple “observador”

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