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Archive for 27 mayo 2011

El padre de Victor nunca cursó estudio alguno. Todo lo que sabía lo había aprendido en la escuela de la vida. Hombre rudo, criado en el campo, nunca oyó hablar de Jung o Kant, su filosofía era trabajar para mantener su familia. Pocos años después de nacer Víctor, dejó su tierra natal para buscar una estabilidad mejor, que la que le daba el trabajo agrícola. En aquella nueva tierra, aprendió el arte de la albañilería, al que dedicó la mayor parte de su vida. El padre de Víctor era un hombre de los de antes, sencillo y cabal.

Cuando Victor era todavía un niño, de pantalón corto, le gustaba ayudar a su padre en los trabajos que hacía en algunas casas vecinas. Víctor tenía el recuerdo grabado de aquel hombre, cantando alguna canción antigua y sonriendo, mientras colocaba azulejos en las paredes o mosaico en el suelo. Más tarde pudo disponer de un pequeño terreno, donde cultivar hortalizas y frutas. El hombre nunca olvidó sus orígenes y era consciente de que la tierra era importante y así se lo había inculcado a su hijo.

“Recuerda: la tierra siempre te dará de comer…”

Uno de aquellos dias de principios de la estación estival, Victor se encontraba con su padre en el huerto, mientras éste limpiaba de malas hierbas, un trozo sembrado con patatas. Como era habítual en aquel hombre de piel ennegrecida por la exposición continuada al sol, canturreaba una canción que habría aprendido seguramente de joven. Al poco, levantó la mirada hacía el niño, que en esos momentos tenía sus ojos clavados en él y le pidió que le acercarse el “porron” del agua. Víctor le acercó el botijo de arcilla blanca, que mantenía el agua fresca en la temporada calurosa y se lo ofreció a su padre.

-Padre, me gustaría hacerle una pregunta que llevo algún tiempo pensando.
-¿Que es eso que quieres preguntarme hijo mio? – Contestó el hombre mientras dejaba a un lado la azada y se secaba el sudor de la frente con la manga de la camisa.
-¿Porqué siempre canta y sonríe cuando está trabajando? Siendo el trabajo tan duro me sorprende que lo haga.
-Te contaré un secreto, que me contó mi padre y que a él se lo contó a su vez el suyo, que quizás responda a esa pregunta.

El hombre acarició la cabeza de su hijo y se sentó a horcajadas en el suelo, indicando con un gesto al niño que hiciera los mismo.

-Mi padre siempre decía que había tres clases de seres humanos: Los amos y los esclavos. Los amos eran los dueños de todo lo que podía poseerse y los esclavos dedicaban su vida para que la de sus amos fuera cada vez mejor, aún a costa de perderla. También existían los esclavos que querían ser amos. Estos eran utilizados por los primeros, para los trabajos más indeseables contra sus propios hermanos esclavos. “De estos hijos aléjate, porque con buenas palabras te engañarán y sacarán más provecho de tí que los propios amos…” -El hombre hizo una pausa y miró sonriendo a su hijo.
-Ahora lo entiendo padre, esos son la tercera clase de seres, ¿verdad?
-No hijo, la tercera clase de seres son los “Seres Libres”. Estos no pertenecen a ninguna de las dos clases anteriores, aunque pueden elegir cualquiera de ellas para vivir su vida. Estos hombres son los que algún día cambiaran el mundo porque borrarán de la faz de la tierra a las otras dos clases. Hijo mío ahora que ya sabes el secreto de la vida, te diré algo que debes conocer también: Tu perteneces a la tercera clase de seres. Durante tu vida podrás elegir entre ser amo o esclavo, pero mi consejo, el mismo que me dió mi padre y que a él se lo dió el suyo es:

Sé siempre un “Ser Libre”

Por eso, canto y sonrío mientras trabajo porque aunque a veces me veas trabajar para los “amos”, soy un “Ser Libre” que decide cuando debe acatar sus deseos y cuando no.

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“El primer paso hacia la liberación, no es luchar activamente contra aquello que nos esclaviza, si no simplemente dar un paso atrás, alejarnos…”
Slavoj Zizek

La frase anterior es del filósofo Slovenio Slavok Zizek y la he leído en el blog de un compañero. He creído importante escribir una entrada sobre el tema, puesto que a veces necesitamos recordar como actuar en este mundo altamente polarizado.

La teoría de Zizek propone que: No hacer nada es una de las formas más activas de “violencia”. Matizemos que se trataría de un tipo de violencia diferente, la que se generaría tras crear un vacío, con la simple acción de no implicarse en los hechos que nos propone la sociedad actual.

Zizek nos indica que incluso cuando nos oponemos algo, por muy negativo que sea, estamos participando en los “rituales del poder”. Oposición política, critica artística, etc… Todo forma parte de, “como funcionan las cosas”. Por lo tanto la cosa mas amenazadora que se puede hacer es “retirarse”. No participando en el juego que nos propone el “poder establecido”, se vería claramente como el sistema de poder empezaría a funcionar sobre un espacio “vacío” y esta vacuidad generaría un estado de ansiedad generalizado. Un ejemplo claro de este comportamiento lo podemos ver en los obsesivos compulsivos, que necesitan de los rituales porque tienen un profundo miedo a los momentos de silencio que es cuando el “vacío” aparece. Incluso cuando la situación es más desesperada, siempre puedes al menos “no hacer nada”.

De ahí la premisa que: El primer paso hacia la liberación, no es luchar activamente contra aquello que nos esclaviza, si no simplemente, dar un paso atrás, alejarnos.

La sociedad en la que vivimos nos mantiene claramente polarizados, porque es una de las formas de control más efectivas que existen. Se crean diferencias raciales, religiosas, deportivas o de género. Todo para contribuir a la separación de la humanidad. Ellos saben que para esclavizarnos, solo han de encontrar algo que haga detonar nuestro ego, éste después se encargará del trabajo sucio.

Por eso a veces, ante alguna situación comprometida, nuestro interior nos dice que no hagamos nada y aunque pueda parecer que con ello no se contribuye a ningún tipo de cambio, realmente estamos decidiendo con nuestra “no acción”, no formar parte de la polaridad que genera esa situación.

Si soy un observador y no me implico en los acontecimientos, los puedo experimentar sin tomar partido y además aprender de ellos. Esto es lo que tanto temen los que intentan esclavizar el planeta, por eso nos mantienen entretenidos y polarizados porque si aprendemos a operar en el “vacío” que nos rodea, como cuando meditamos, podríamos contactar con nuestro interior y éste nos enseñaría la verdadera realidad y con ello el poder de cambiarla.

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