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Archive for 28 noviembre 2010

Estos últimos seis meses he dedicado parte de mi tiempo a observar lo que ocurre a mi alrededor. Tanto a personas como a hechos curiosos que tienen cierta importancia y aparecen diluidos en la maraña de noticias que se muestran cada día en los medios. Hacia algún tiempo que no escribía nada que mereciera la pena ser publicado. No sé, si debido a que nada ha acaparado mi interés en todo este tiempo o simplemente por pereza. Ya es hora de volver al trabajo. Empezaré por contar un “cuento”, que seguramente otros ya habrán contado antes, con estas u otras palabras, pero creo que vale la pena recordarlo de nuevo.

Los hechos en la línea de tiempo siempre ocurren en el momento adecuado, ni antes ni después. Lo único que debemos hacer es estar atentos a las señales, por muy pequeñas que éstas parezcan.


Hubo una vez un planeta cuyos habitantes buscaron la “verdad” durante muchos, muchos años. Ésta un buen día, decidió que ya era el momento de mostrarse a aquellas personas, por lo que viajó a aquel recóndito lugar situado en la parte exterior de una gran galaxia.

“Me mostraré primero ante los sacerdotes que proclaman poseerme en exclusiva…”.

Utilizó para ello, el aspecto de mendigo que pedía limosna a las puertas del templo. Los sacerdotes viendo que aquel sujeto molestaba a sus feligreses con aquella apariencia tan sucia y pobre, no dudaron en obligarle a marcharse a otro lugar.

“Quizás los hombres de ciencia sean más perspicaces, ya que están a poco de descubrirme, entre esas pequeñas partículas que estudian con tanto tesón…”.

Así que esta vez apareció en los círculos de los científicos de más renombre como un simple personaje, sin títulos universitarios ni estudios avanzados, que no había pisado nunca una universidad. Los “grandes” de la ciencia lo rechazaron de inmediato excluyéndolo de los debates, en los que se discutía acaloradamente sobre quién de ellos estaba más cerca de lograr encerrar la verdad en una ecuación o en un tubo de ensayo.

–“Al parecer la ciencia sigue anclada en antiguas creencias obsoletas, quizás deba probar suerte en otra parte” – dijo y partió para encontrarse con la clase política, que en ese tiempo parecía querer mejorar la sociedad. Esta vez para que no hubiera equivocaciones se vistió de hombre con ideas avanzadas y participó en las discusiones sobre como debían cambiar, tanto las leyes, como la sociedad, para hacerse más equitativa y que todos los habitantes de aquel mundo pudieran disponer en abundancia, de todos los recursos que hasta aquel momento solo poseían unos pocos.
–Este hombre está loco, es un revolucionario terrorista. Cómo osa decir que las clases no deben existir, que todos somos iguales, ¿que sería de nosotros los reyes y grandes del mundo? –dijeron los gobernantes.
–¿Que el dinero debe dejar de existir? Que cosa más absurda, todo debe tener un valor, todo se debe poder comprar o vender, porque de otro modo ¿de que viviríamos los banqueros?…

Todos y cada uno de los que constituían las clases dirigentes se opusieron rotundamente a las ideas de libertad y prosperidad, que la verdad intentó promover, pero lejos de acobardarse decidió que lo mejor sería mostrarse a los que hablaban sin parar sobre ella, en los foros avanzados de opinión, constituidos en lo que aquellos hombres llamaban “la red”.

Fueron muchos los que entonces creyeron haberla encontrado, pero otros tantos se burlaron de los primeros, entrando en polémicas sin fin sobre quien tenía en su poder la verdad y quién no. Poco después las ideas de que la verdad había aparecido se manipularon o tergiversaron de tal manera, que los que creían en ella, se dividieron en grupos que a su vez peleaban entre ellos por poseer la única “verdad”. Si alguien intentaba sobresalir de nuevo con su verdad, el resto lo atacaba cruelmente, porque aquella verdad no era suficiente para ellos.

Así estaban las cosas, cuando la “verdad” al cabo de un tiempo, decidió darse un respiro y se retiró a pasear por un bosque. Al pié del camino, sentado en una piedra, encontró a un hombre cuyas arrugas indicaban que por él habían pasado los años. Al verla el hombre le sonrió saludándola con un gesto. La “verdad” contestó al saludo y le dijo:

–¿Me permite que me siente a su lado para descansar?
–Eres libre de hacerlo, si quieres, siempre que me tutees –respondió el hombre y continuó. –A ti te conozco, tú eres la “verdad” ¿verdad?
–Eso parece, aunque hasta yo misma en estos tiempos tengo mis dudas –respondió ella
–Claro, es una carga muy grande la que llevas a cuestas. ¿Y que haces por este lugar? –Preguntó el hombre.
–Te lo contaré si a la vez tú me dices como es que me has reconocido.
–Es una historia tan larga como lo ha sido mi propia vida, no creo que te interese conocerla.
–Al contrario, hombre, sería todo un detalle por tu parte si lo hicieras, soy toda oídos.

El hombre se quedó pensativo durante unos minutos hasta que al fin abrió la boca y dijo:

–Desde la primera vez que oí hablar sobre ti, emprendí tu búsqueda con todo el ahínco y fuerza que me proporcionaba la juventud. Te busqué en los templos, pero los sacerdotes con su palabrería y sus hechos contrarios a lo que predicaban no me convencieron. Más tarde alguien me dijo que la ciencia era toda la verdad que podía encontrar y dediqué muchos años a aprender sobre teorías, que para mí acabaron en un callejón sin salida. Si allí estaba la verdad, yo no era capaz de verla. Entonces decidí trabajar duro para ganar el dinero suficiente que me permitiera tomar parte en la política y así encontrar las respuestas a mis preguntas entre las clases dirigentes. Pero los especuladores y los bancos acabaron con mi fortuna. Antes de que me diera cuenta, todos aquellos que parecían mis amigos me habían dado la espalda. Con el paso del tiempo apareció “la red”, allí se podía hablar libremente sobre ti y sin duda aprendería la manera de encontrarte. Desde el primer momento me presenté en los foros de discusión donde otros buscadores tuyos parecían saber, si no todo, bastante sobre ti. Así te conocí por primera vez. Pero con el tiempo se volvió más importante para los egos de los autoproclamados “poseedores de la verdad” sobresalir como líderes, que escuchar a los que podían tener algo constructivo que decir sobre tus ideas. Además recuerda que los poderosos viendo peligrar su estatus, no permitían que esas ideas prosperasen y utilizaban a sus hombres de paja, para desinformar con falsas imágenes tuyas, que dividían a los nuevos y antiguos buscadores de tal forma que algunos se volvieron tan paranoicos, que cuando alguien se salía de las líneas oficiales sobre la “verdad” era atacado por una hueste de seguidores del líder de turno, convirtiéndose en imposible seguir tus ideas sin ser tachado de loco o visionario.

Cansado de todo aquello, decidí hace ya algún tiempo retirarme a vivir cerca de este bosque y aquí es donde, por mentira que parezca, he encontrado las respuestas a todas aquellas preguntas que durante toda mi vida me he estado haciendo.

El hombre cerró los ojos y respiró hondo. La “verdad” lo miraba con admiración y sorpresa, aquel humano parecía conocerla de primera mano. Así que le dijo:

–En primer lugar me alegro de que me hayas reconocido y para serte sincera debería decirte que he venido a disfrutar de la paz que proporciona este bosque, antes de volver al lugar de donde procedo. Por lo que estaré poco tiempo aquí. Supongo que tendrás muchas preguntas que hacerme, pero no puedo por menos preguntarte antes, por esas respuestas que has mencionado.

El hombre la miró con cara seria, aunque al momento sonrió de nuevo y contestó:

–Sabes de sobra que este planeta no está preparado para conocerte tal como eres en realidad. Lo que he descubierto durante todo este tiempo, sin temor a equivocarme, es que solo te alcanzaré cuando deje todo lo que me ata a este mundo y sea capaz de llegar al mundo del que tú procedes.
También sé que mientras llega ese día, la vida me proporcionará todo lo que necesito que es: alimento y la compañía de mi mujer, que decidió recorrer este camino junto a mí. Porque amiga mía, he aprendido que tú estarás siempre presente en los pequeños milagros que ocurren a diario y que he aprendido a reconocer. Eso es lo que verdaderamente importa, el canto de mi amigo petirrojo que me visita cada invierno, el viento que me trae las fragancias que la madre naturaleza ha puesto para que disfrutemos de ellas, el sol que además de calentar mi casa da vida a este magnífico bosque, la piedra sobre la que estamos sentados que ha tenido la paciencia de estar aquí desde el principio de los tiempos, callada pero diciendo a gritos que es parte del Todo. Podría hablarte de otros muchos milagros que ocurren cada día, pero eso lo sabes sobradamente. En cuanto a todo lo demás: poder, dinero o reconocimiento, se lo dejo a los que no te conocen, con la convicción de que un día, espero que no lejano, aprenderán a verte allí donde te encuentres.

El hombre se levantó y dándole la mano a la “verdad” le dijo:

–Me alegro de haberte conocido en persona y perdona que tenga que dejarte, pero mi mujer me espera para cenar y ese es uno de los pequeños milagros de los que te hablaba hace un momento. Te deseo un buen viaje de vuelta a tu mundo.

Y poniendo rumbo de vuelta a su casa, desapareció por el camino dejando a la verdad disfrutando de aquel entorno.

VictorVV

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