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Archive for 26 diciembre 2009

“No todo es lo que parece”.

 A veces incluso nuestros sentidos nos engañan. Quizás porque, acostumbrados a creer todo lo que nos muestran los medios de comunicación, aceptamos sin objeciones sus contenidos como fiables. Es un hecho que los canales de noticias ofrecen un guión típico, dependiendo de varios factores. Enumero algunos:

-El color político de la cadena
-La época del año
-Los intereses de los patrocinadores
-Lo que esté de moda
-Lo que dicen las agencias de noticias

Por lo tanto nos están presentando lo que yo llamaría:

 “La realidad sintética”

 Se trata simplemente de ofrecer lo que al parecer nos conviene. Eso incluye noticias que no tienen ningún interés para la gente de a pié, anuncios repetidos hasta la saciedad que nos muestran productos milagrosos para no envejecer, coches maravillosos con los que podemos “correr” por las carreteras vacías (¿?) Bebidas que toman grupos de jóvenes y  productos de todo tipo que realmente, no necesitamos para nada.

 Todo y así, nos sentimos llevados a consumir lo que nos dicen, o peor todavía, queremos ser jóvenes y vivir las situaciones o poseer los “aparatos” que aparecen en esas imágenes.

 Nunca te has preguntado, porque en los últimos años ha evolucionado tanto la tecnología, pero sobre en el ámbito de la “diversión” o “entretenimiento”. No será que es más fácil tener dominadas las masas a base de mantenerlas pegadas a programas que dejan mucho que desear, a los móviles, a las consolas… Por no decir la frustración que sentimos cuando nuestro sueldo no llega para poder comprarnos ese “gran coche” o la casa de nuestros sueños (con piscina), o aquello, o lo de más allá…

 Os contaré un secreto: Nos están obligando a vivir una realidad inútil y sintética, las cosas que nos ofrecen, en el 90% de los casos no las necesitamos.

 Leí una vez un texto en el que se decía: “Como es posible que los humanos tengamos que PAGAR para vivir en nuestro propio planeta”. Eso me lleva a hacerme algunas preguntas para las que nunca he encontrado las respuestas adecuadas.

El Sistema Monetario

Es la base y causa principal de todos los problemas existentes en el mundo. ¿No crees que exageras? Me preguntarás. Dime tú mismo si no es así. ¿Tienes hipoteca? ¿Préstamos bancarios? ¿Tarjetas de crédito? ¿Un sueldo que no llega para pagarlo todo? Si todas las respuestas a esas preguntas son afirmativas, estás atado de por vida al sistema esclavista moderno.

¿Por qué necesitamos un Sistema Monetario? Sencillamente para que la “élite” gobernante en la sombra, que no son solo los que nos gobiernan, mantenga un control sobre toda la humanidad.

El dinero crea clases y diferencias sociales además de frustración cuando no tenemos el suficiente y vemos que otros tienen más del que se podrían llegar a gastar en varias vidas. ¿Cómo nos podemos salir de esa esclavitud? No podemos. (Al menos por ahora). Para hacerlo tendrían que cambiar sistemas de creencias tan arraigados en nuestra mente genética, que de momento, salvo que un milagro ocurra está todavía lejos de ser una meta a corto o medio plazo. De momento es mejor dejar que unos pocos tengan el control de más del 50% del dinero que existe en el mundo.

Podemos aportar nuestro granito de arena no dando valor a las posesiones materiales, sobre todo aquellas que no necesitamos para subsistir. Con el tiempo nos olvidaremos de los préstamos y las tarjetas de crédito. Cuando se vive en equilibrio, la vida te aporta lo necesario para el funcionamiento diario.

Los sistemas religiosos

Estos sistemas se encargan de provocar en nosotros, la necesidad de buscar “fuera” lo que podríamos encontrar dentro de nosotros. Por una parte la religión nos dice que somos “pecadores” y que tenemos que someternos a la voluntad de de Dios. Sea la que sea. Para no caer en el “infierno”. La frase “Dios lo ha querido así…” para aceptar un hecho que nos causa dolor, es utilizada comúnmente. Nada más lejos de la realidad. En todo caso es el ser humano el que crea sus propias situaciones de dolor. El bien y el mal son las dos caras de la misma moneda, la polaridad es lo que nos hace imperfectos. La imagen que nos ofrece la Iglesia tampoco es un ejemplo a seguir que digamos. “Amaos los unos a los otros…”.  Poco amor demuestra la iglesia cuando en los años que lleva en el poder se ha enriquecido aún a costa del resto de los creyentes. Si siguieran las palabras y hechos de su propio líder, Jesucristo, serían un iglesia pobre ofreciendo amor y compasión. No esa parafernalia de actos pomposos que solo engañan a los que tienen miedo a morir y lo que pueda suceder después si es que hay un “después”.

Los que han podido desligarse de los lazos de la religión pueden elegir la búsqueda espiritual, el agnosticismo o no creer en nada más que en el mundo material. El camino de la espiritualidad se basa en la evolución del ser humano hasta alcanzar un estado superior de conciencia o nirvana, incluyendo la posibilidad de vivir varias vidas para cumplir ese fin. Para ello se utiliza el método Maestro/Discípulo. En el que sin un maestro es imposible encontrar el camino ascendente que nos llevará a conocernos a nosotros mismos. Ese camino si bien es mejor que los otros, necesita que el alumno se “olvide” de su realidad y entorno y dedique toda su vida a su propia evolución. La búsqueda se centra fuera de uno mismo, en las enseñanzas y técnicas del Maestro, curiosamente para “encontrarse a si mismo”. Entonces lo lógico sería buscar en nuestro interior las repuestas.

Los sistemas de creencias heredados

Nuestros sistemas de creencias se basan en gran parte en lo que hemos leído o escuchado y que proviene de modelos de pensamiento heredados a través de los tiempos. Muchas de esas creencias son aceptadas simplemente porque lo dicen personas consideradas como autoridades en su campo. Sea religioso, científico o económico. Esa es una “programación” importante en nuestro sistema mental. Porque se nos puede hacer creer casi cualquier cosa cuando lo dice una persona con credibilidad suficiente. Por ello creemos a científicos, investigadores o gobiernos cuando nos dicen cualquier cosa que les permita seguir en la punta de la pirámide del poder.

El ser humano actual es el producto de un sistema de creencias obsoleto, por ello cada vez más las personas nos sentimos perdidos. Las respuestas que nos da la sociedad no son suficientes para resolver nuestros problemas o dudas y si observamos atentamente podremos encontrar muchas fisuras en el marco de actuación de la sociedad misma.

*   *   *

Además de estos sistemas de control que actúan como “programas” de nuestro sistema mental existen otros muchos que nos obligan a vivir esta realidad sintética a la que estamos sometidos. Lo creamos o no, somos una sociedad manipulada, que vive un “sueño” o mejor una pesadilla. Debemos preguntarnos ¿porqué y para qué? Que sentido tiene todo lo que está pasando en estos días. Porqué existen todavía las enfermedades, el hambre, las clases desfavorecidas, la riqueza, la pobreza, la desigualdad, la violencia, las guerras.

Pero en algún momento deberemos despertar…

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El Petirrojo

El hombre fumaba su pipa y contemplaba a través del ventanal, las frondosas encinas, aquella mañana de invierno. Una pareja de petirrojos revoloteaban por sus ramas, en una danza ritual.

 –Bellos pájaros –Pensó. Recordando la primera vez que se encontró con uno de ellos.

 Era un día parecido a ese, frío e invernal. Cortaba leña ensimismado en sus pensamientos cuando oyó una voz que le decía:

–Hola…

Miró a su alrededor y no vio a nadie, por lo que supuso que su imaginación le había jugado una mala pasada. Con certeros golpes hundía el hacha en los tocones de encina, partiéndolos en dos.

–Hola… –repitió la vocecilla.

Esta vez buscó con detalle el origen de la misma. Desde una rama cercana, a media altura, lo miraba un pequeño pájaro de pecho rojizo. Era al parecer el único ser viviente en los alrededores, pero los pájaros no hablan. Fue en aquel momento cuando sus miradas se cruzaron que el petirrojo repitió:

–Hola humano

–¿Eres tú el que me hablas? –Preguntó el hombre que no salía de su asombro.

–¿De que te sorprendes? –Contestó el pájaro.

–No es muy normal que un pájaro hable, al menos no tengo constancia de ello. –Dijo el hombre dejando el hacha en el suelo.

No es muy normal que los humanos me entiendan. Eres el primero que lo hace en los últimos años. –prosiguió el pájaro, que dando un corto vuelo se situó sobre uno de los troncos, a poco menos de un metro del hombre.

 Durante un par de minutos se miraron fijamente, como si quisieran cerciorarse de que lo que estaba ocurriendo era real.

 –Es extraño –dijo el petirrojo. Rompiendo el silencio.

–¿Qué? –preguntó el hombre.

Que un humano y un pájaro mantengan una conversación.

–Ahora que lo dices…–Dijo el hombre rascándose la barbilla con el dedo pulgar.

Se sentó en el tronco que utilizaba como base para partir la leña y sacó una pipa de un bolsillo. Con la maestría aprendida por el paso del tiempo, la llenó, encendiéndola a continuación para aspirar con pequeños sorbos el humo afrutado de aquella mezcla de tabacos de indias.

Puesto que al parecer nos estamos conociendo, me presentaré: Mi nombre en sonido humano es “Pikit”. –Dijo el pájaro, que había esperado a que el hombre acabara su ritual.

–El mío es Víctor. ¿A qué debo el placer de tu conversación? –Preguntó el hombre.

Soy un petirrojo con ganas de saber cosas sobre los humanos. Hasta hoy ninguno de vosotros me había hecho caso. Salvo en una ocasión que estuve a punto de perder la vida, cuando otro humano quiso cazarme.

El hombre lo interrumpió y le dijo.

–Está en la naturaleza humana. Ese afán por conseguir trofeos, aún a costa de la vida de otros seres. Lo siento…

No te preocupes, lo entiendo perfectamente. Pero no comprendo que seáis tan ciegos. En esta etapa como pájaro he aprendido mucho sobre cosas que como humano no hubiera ni siquiera tenido en cuenta.

–¿Etapa como pájaro? ¿Sugieres que has elegido ser animal? –Inquirió el hombre.

Algo así. ¿Tú no elegiste ser hombre? –Le preguntó el petirrojo.

–No sé… Nací humano. Todos nosotros nacemos humanos. Es al menos la creencia general.

Vuestro sistema de creencias no os permite ver más allá de lo que os indican vuestros cinco sentidos. Pero eso es algo que quizás no entiendes.

El hombre guardó su pipa y observó el petirrojo. Un simple pájaro le estaba dando lecciones sobre la vida. Eso era algo inaudito. Se pellizcó el brazo para ver si estaba soñando. Pikit, como si supiera lo que estaba pensando continuó:

 –Veo que te cuesta aceptar que un “simple pájaro” tenga conocimientos sobre la vida que tú siquiera has parado a pensar. Para que te quedes tranquilo, te diré que no siempre he sido pájaro. Antes fui humano como tú.

 Aquellas palabras dejaron inmóvil a Víctor, que no entendía nada de lo que le estaba pasando.

 –No entiendo… me dices que fuiste un humano. ¿Pero como puede ser eso posible? Me tomas el pelo…

No es mi intención crear en ti confusión, solo he querido hacerte partícipe de un hecho más común de lo que tu piensas. Es una opción interesante, ¿sabes? Los humanos creéis que sois la punta de la pirámide en la evolución, pero estáis muy lejos de la verdad. Bueno para ser ecuánime debería incluirme, porque como ya te he dicho soy un humano que habita el cuerpo de un pájaro.

–Como es que decidiste hacerte pájaro, ¿Qué te impulsó a ello? –Le preguntó Víctor.

Es una historia larga, pero si tienes tiempo te la cuento. –Contestó Pikit.

–Tengo todo el tiempo que necesites. Soy todo oídos.

 –Bien, empezaré por contarte mi anterior experiencia como humano. –Pikit dio un salto y se posó sobre una pierna de Víctor.

Viví varias vidas, las cuales me aportaron poco, digamos en lo que se refiere a crecimiento interior. Solo me importaban las posesiones materiales y la vida fácil y llena de lujos. En la última de ellas era un hombre de negocios relevante. No importaba a quien tuviera que pisar o arruinar para conseguir mis propósitos. Poseía varias industrias que contaminaban el aire y envenenaban el agua. Pero mis creencias solo me permitían pensar en mí y en todo lo que podía conseguir en la única vida que me había tocado vivir. Nunca pensé en los que vinieran detrás de mí. Lo que importaba era el presente. Si en el futuro no quedaban bosques o el aire era irrespirable me daba igual, porque según los entendidos eso podía ser a muy largo plazo. Tanto que no afectaría a mi vida presente.

Un día salí de caza con unos amigos. Recuerdo que me adentré en un bosque magnífico, rebosante de naturaleza. Aunque dicho sea de paso que mi primer pensamiento fue, el dinero que se podría conseguir con toda aquella madera.

El caso es que apareció delante de mí un mirlo. Negro como el azabache. Su pico, brillaba con destellos amarillos producidos por los rayos del sol, que penetraban las copas de los grandes árboles cercanos. No era una pieza extraordinaria que quisiera cobrar, aún así lo apunté con mi arma. El pájaro no se inmutó, al contrario me habló…

–Sería otro humano convertido en pájaro. –Interrumpió Víctor divertido.

No es para tomarlo a risa. Fue un hecho aterrador para mí. Si te parece bien continúo con la historia. –dijo Pikit.

–Perdona, no quería parecer grosero, puedes continuar.

Como te decía, el mirlo me habló. “No me mates…”. Fueron sus palabras. Al principio no podía creer, que estaba oyendo hablar a un pájaro en mitad del bosque. “Por favor no me mates…”. Repitió, cosa que me produjo más miedo todavía. El dedo de mi mano derecha temblaba en el gatillo de la escopeta. Finalmente cerré los ojos antes de apretarlo y disparar sobre aquel pobre animal. Cuando los abrí, pude ver el pájaro tendido en el suelo, enrojecido por la sangre, dando sus últimos aletazos antes de morir. “¿Porqué lo has hecho…?. Me preguntó con aquellos ojos que traspasaron los míos y me dejaron inmóvil sin saber que hacer… Un hecho todavía más terrorífico sucedió. El pájaro por un momento se convirtió en una forma humana,   fantasmal. Antes de que pudiera hacer nada, fijó su mirada en mí y con una sonrisa de comprensión se volatilizó sin más…

 El pajarillo hizo una pausa y agachó la cabeza mientras una lágrima rodaba por su pecho rojo. Víctor lo acarició suavemente para animarlo y le dijo.

 –Es una triste historia, no se que decir…

En aquel momento yo tampoco, supe que hacer o decir. Lo que pasó a continuación es que cada día del resto de aquella vida, recordé las palabras y la visión del pájaro convirtiéndose en hombre. Nunca lo superé. Mi tiempo se cumplió dos años más tarde. Morí arruinado, en la cama de un albergue para pobres. Durante mucho tiempo tras mi muerte vagué por un mundo inquietante. En el que residen las almas de aquellos que nunca hicieron nada por mejorar el mundo. Lo pasé muy mal, para que negarlo. No tenía nada que hacer ni sabía a donde ir. Un día o noche, quien sabe, porque los días y las noches son iguales y eternos. Llegué a un bosque parecido al de mi encuentro con el mirlo. Encontré un hombre sentado en una piedra y le pregunté por su situación. Cuando le vi la cara me recordó a alguien, pero no supe con certeza a quien. Me preguntó si nos conocíamos. Le contesté que me era familiar pero no lo ubicaba en mi anterior vida. El me recordó el día de la cacería. Entonces fue cuando recordé su cara. Era aquel ser fantasmal en el que se convirtió el pájaro. Me asusté, pensando que había venido a vengarse de mí. Pero me tranquilizó diciendo que quería ayudarme. No me guardaba ningún rencor por haberle quitado la vida. Porque entendía que yo en aquel momento era un humano con creencias de humano. Cómo iba a saber que los animales pueden albergar almas humanas. Solo era una lección más de la vida. Me indicó que tomara un camino, que me llevó a una extraña ciudad. Allí me recibieron otros seres, que curiosamente despedían una hermosa luz de sus cuerpos…

 –Eso es algo parecido al cielo. Así que existe de verdad. –Dijo Víctor.

 –No. No era el cielo. Era tan solo un lugar de paso que existe en un mundo que no podemos ver con ojos físicos. Allí encontré la paz y el entendimiento necesarios para saber que los humanos y los animales conforman una única especie de seres exploradores. Comprendí que la humanidad, separada, ciega y sorda, no era capaz de entender los misterios de la naturaleza, o los de la vida.

 –En eso tienes toda la razón. –Asintió avergonzado Víctor.

 –La naturaleza nos ofrece un entorno increíble para nuestro desarrollo como unidad. Los humanos lejos de apreciar ese don, creamos fronteras y barreras raciales o de clase. No entendemos que formamos parte de un “Todo” mucho más grande que nuestra propia individualidad. Hasta que no lo hagamos seguiremos perdidos.

 –Todo lo que me has contado es interesante, pero no explica que quisieras convertirte en un pájaro. ¿Fue como castigo, quizás por haber matado al mirlo? –Preguntó Víctor

 –No…, ni mucho menos. Ya es castigo suficiente nacer sin conocimiento alguno de la realidad que nos rodea. Simplemente pude elegir entre ser humano y perder los conocimientos que había adquirido o ser un animal y conservarlos. Preferí esto último y no me arrepiento. Porque no necesito tener un cuerpo que supuestamente es superior, mientras puedo disfrutar de una vida sencilla y plena formando parte del “Todo”. Ahora tengo lo que necesito, puesto que me siento completo.

 –Es extraño que tengamos que convertirnos en animales para llegar a ser sabios. Pero la explicación es lógica. Los animales viven en armonía con la naturaleza. Solo el ser humano que se llama “superior” e inteligente la destruye. Arruinándose a si mismo. He tenido suerte al conocerte. Me has hecho entender una gran verdad. Estoy en deuda contigo.

 –No estás en deuda conmigo, en todo caso lo estás contigo mismo. Solo espero haberte ayudado a entender lo sencilla y a la vez compleja que es la vida. Hacía ya días que te observaba, desde la rama de esa encina, a través del cristal. Te dedicas a escribir. ¿Verdad? – Dijo el pájaro, volando de nuevo a uno de los troncos.

–¿Como lo sabes? – Le preguntó el hombre

Que sea un pájaro no significa que no sepa cosas. Además los humanos sois como un libro abierto para los animales. Siempre sabemos de vuestras intenciones.

–Y aún así, permitís que os exterminemos. No veo la razón.

Es bien sencillo. Algún día no muy lejano, os daréis cuenta de que todos somos “Uno”. Pero tú eres un privilegiado al saberlo de primera mano. –Rió el pájaro y continuó: –Espero que escribas buenas historias.

–Se hace lo que se puede. No se si son buenas o malas. Pero personalmente me gustan y eso es lo que verdaderamente importa.

 –Bueno pues te dejo con tus troncos. Voy a revolotear un rato. Hasta otra Víctor…

 El petirrojo abrió las alas y voló de nuevo a los árboles cercanos. Víctor lo oyó canturrear y siguió partiendo madera…

*  *  *

 El recuerdo de su primer encuentro con el petirrojo lo había hecho olvidarse del presente. El viento del oeste, ahora suave, mecía las ramas de las encinas donde los pajarillos continuaban su ritual de juegos previos al apareamiento. Uno de ellos voló hacía la ventana y se posó en el alféizar. Lo miró con aquellos ojillos redondos y le regaló una sonrisa. Víctor lo saludó con la mano y el petirrojo levantó el vuelo de nuevo para buscar a su compañera.

 Entonces pensó que había llegado el momento de escribir la historia de Pikit, el petirrojo.

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Hay una frase que he tenido siempre presente desde que un día tuve la suerte de leer el libro El Alquimista de Paulo Coelho y que se podría aplicar a la historia que estoy contando.

“Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón y a descifrar un lenguaje que esta más allá de las palabras, el que muestra aquello que los ojos no pueden ver.”

“Aprender los dictados del corazón”. Ahí reside la clave de nuestro cambio personal. Pero la vida que llevaba Víctor no le dejaba apenas tiempo para escuchar su voz interior. Esa que procede del corazón. Se limitaba a dejarse llevar por su mente analítica y racional.

No es necesario entrar en detalles de la vida de esa pobre alma perdida, porque no era muy diferente de la mayoría de las vidas de los humanos corrientes. Solo apuntar que vivía para trabajar, dejándose llevar por los pocos placeres que le proporcionaba su día a día.

¿Dónde había quedado todo aquel conocimiento adquirido?

La mayoría, en una estantería repleta de libros. Su mente olvidó lo más importante y el resto se perdió en el mundo del inconsciente.

Pero el “universo” tenía la última palabra. Como dice la frase de Coelho. “Conspiró” para que Víctor despertara de su sueño, en el que se había sumergido al igual que el resto de la humanidad.

Un día un hecho casual o no, lo sacó de su letargo y el universo le dio un “tirón de orejas” a Víctor, en ese momento, un hombre a punto de llegar a la cincuentena. En un primer momento aquel hecho le proporcionó una confusión total. Toda su vida se venía abajo de la noche a la mañana. Pero haciendo de “tripas corazón”, lo aceptó, para después intentar cambiar la situación en la que se hallaba inmerso. Pero un sorprendente cambio aconteció en ese hombre. Algo en su interior le impulsó a expresar una nueva faceta en su vacía y aburrida vida. Empezó a escribir historias. Le surgían desde una parte desconocida para él con una facilidad asombrosa. Hasta aquel momento no se había planteado nunca hacerlo. ¿Cómo era posible?

Como cuando se tira del hilo de un ovillo, una cosa le llevó a otra y poco a poco una nueva visión de la vida se abrió ante sus ojos. ¿Casualidad? Las cosas más pequeñas y los hechos más irrelevantes cobraban una nueva dimensión hasta entonces desconocida para sus sentidos. Se había convertido en un hombre nuevo. Había dejado atrás su “armadura”, aquella que lejos de protegerle, le había impedido ver la realidad que se creaba a su alrededor. Ahora tenía algo claro: Su vida cobraba sentido. Se sentía más receptivo que nunca y podía ver más allá de lo que le mostraban sus ojos.

Víctor había abierto la puerta que todo ese tiempo estuvo ante él, pero que por temor a lo desconocido, nunca se atrevió a abrir. Al hacerlo le mostró una visión de lo que había en el otro lado. Un nuevo mundo por explorar, infinito tanto como el propio universo.

Su propio Yo interior…

Esta historia puede ser parecida a la de otros y acabaré puntualizando que lo que de verdad importa es encontrar sentido a nuestras vidas. Cada persona tiene el suyo propio, que finalmente lo llevará a encontrar lo mismo que el protagonista de mi relato. Mientras no lo hagamos, seguiremos siendo seres que intentan llenar su vacío interior con “cosas” materiales. Seguramente nos sentiremos felices durante un tiempo, pero después querremos otra cosa y otra y ninguna de ellas nos llenará lo suficiente y caeremos en el círculo al que nos somete la sociedad actual:

Trabajo -> dinero -> consumo ->placer inmediato ->frustración.

Párate a reflexionar por un momento en ello y sinceramente ¿a que conclusión llegas?

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